[ACTUALIZADO – viernes 29 de mayo)
El domingo 24 de mayo, después de casi cuatro años, mi novia me dijo que ya no sería más mi novia. No debí escribir lo que escribí este mismo día, debí escribir lo que estoy escribiendo hoy, cinco días después.
Dije que estaba un poco aturdido, pero estaba muy. Con el tiempo llega algo de luz y descubrí que no debí escribir así, aunque haya insistido en que debía hacerlo. La actitud fue infantil y, siendo más serio y honesto, de perdedor. Afortunadamente ya he filosofado acerca del asunto entre ser y haber sido, y fui un perdedor, pero sé que no lo soy. No tengo problema en actualizar y retractarme.
Me falta más claridad, entonces, es el aprendizaje. Por primera vez en mi vida valoro seriamente la visita a un psicólogo, pues debo poner en orden unas cuantas cosas que no son culpa de nadie sino mías. Cosas que han venido pasándome por un cambio de rutina que no he sabido asimilar, de una serie de pensamientos que me han abordado y no he sabido resolver.
Aunque entiendo lo natural de dudar y dejarse llevar por las pasiones, cada vez me muevo más errático. Me enojo más fácil, me enfrasco en discusiones con más velocidad, me dejo llevar por cualquier marea y me da dificultad quedarme callado cuando se pide silencio. Entonces ha sido todo un lío esta última semana y desde la primera versión del texto di muchas vueltas, pero no ejecuté nada. Sentía que de pronto no debí publicarlo, mucho menos postearlo en una story, pero no hice nada. No tomé la segunda decisión correcta de arrepentirme rápido, pues la primera era no publicar. Mi culpa es tener un blog, existir en la era digital, estar afectado y no saber detenerme. No es excusa, pero todo tiene que ver con todo. La seguidilla de no decisiones y decisiones no corresponde al cierre de altura que merecía una relación como la nuestra: una íntima.
Todo al revés. Pienso con pesar de mí porque cuando terminó de decirme todo, yo debí decirle que no me veo sin ella, que podemos intentarlo, que podríamos seguir. Pero no hice nada de eso. Hablé donde no era y callé donde no era. En cambio, solo agradecí, pedí perdón y me fui, no sin antes decir una serie de frases que no conectaban con nada, de decir interpretaciones que no apuntaban a ningún lado. Me enceceguí, perdí el norte de mi mente y trastabillé. No dije nada que valiera la pena ser dicho, no cerré con gracia, no me arrepentí a tiempo. Sabía que tenía ganas de decir cosas y hacer cosas y no hice nada. Qué rabia, porque apasionado como soy y nervioso como estaba solo tomé una serie de malas decisiones. Me engañé al decirme que haber actuado así era respetar una decisión, pero la realidad es que yo nunca he aprendido nada sin antes ser golpeado. Al ser esta mi primera vez teniendo un amor de la vida, nunca anticipé lo mal que me iría al sentir que lo perdía, al verlo desvanecerse de alguna forma. Y me bloqueé.
Desde entonces Corazón partí'o de Alejandro Sanz sonó y era tal cual eso. Amor y deudas de Puerto Candelaria sonó después y era eso también. Pero de repente sonó Grecia de Elsa y Elmar, Josean Log y Daniel, me estás matando, y era con una precisión escandalosa, todo eso.
Ojalá reconsidere y me diga "ven" para yo ir. Quiero que volvamos y quiero que se sepa. Y si no, siempre nos quedará Río, y a mí siempre me quedará una mariposa en las costillas.
Al amor de mi vida, Nana, muchas gracias.